Noventa campanadas.
- MATEO HIDALGO M
- 19 jun
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Noventa veces sonó la campana.
No terminaba un escándalo cuando ya comenzaba otro.
Los carrotanques sin agua. Los audios que hablaban de millones. El hijo del Presidente explicando lo inexplicable. La niñera convertida en sospechosa. Las interceptaciones. Los nombramientos de amigos. Los gestores de paz escoltando criminales. Los medicamentos que nunca llegaron.
Y mientras un escándalo tapaba al anterior, Colombia seguía esperando respuestas.
Sonó la corrupción.
La misma que prometieron derrotar.
Sonó la improvisación.
La que nos costó los Panamericanos, inversiones detenidas y oportunidades perdidas.
Sonó la inseguridad.
El secuestro, la extorsión, las masacres y el miedo regresando a regiones donde creíamos haber avanzado.
Sonaron también los ataques contra periodistas, jueces e instituciones.
Y, sin embargo, Colombia resistió.
Resistieron sus ciudadanos. Resistieron sus empresas. Resistieron sus instituciones.
Porque este país es más fuerte que cualquier gobierno.
Noventa campanadas después, la discusión ya no es sobre el último escándalo.
La discusión es sobre el rumbo.
Por eso votaré por Abelardo de la Espriella.
Porque creo en la autoridad legítima frente al crimen.
Porque creo en el mérito por encima de los amigos del poder.
Porque creo en una economía que premie el trabajo y la empresa.
Porque creo en el respeto a las instituciones y a la separación de poderes.
Y porque creo que Colombia necesita recuperar algo que perdió en estos años: la confianza.
No voto por un hombre perfecto.
Voto por la posibilidad de volver a tener orden, carácter y dirección.
Mateo Hidalgo Montoya




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