Ya No Mi Amor
- MATEO HIDALGO M
- hace 4 días
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Por qué la partida de Yeison Jiménez nos duele como si fuera alguien de la familia
Hay muertes que no solo generan tristeza. Hay muertes que incomodan, que sacuden algo más profundo que la emoción momentánea. La de Yeison Jiménez es una de ellas. No porque todos lo conociéramos, sino porque, de alguna manera, su historia se parecía demasiado a la de muchos colombianos.

Nos duele porque Yeison no llegó desde el privilegio ni desde el aplauso fácil. Llegó desde abajo, desde la necesidad, desde la insistencia. Desde ese lugar donde están millones de personas que trabajan sin garantías, que sueñan sin certezas y que avanzan sin saber si alguien los está mirando. Su éxito no fue un accidente: fue consecuencia de trabajo, disciplina y terquedad. Y eso, en un país que suele premiar más el atajo que el esfuerzo, genera respeto.
Nos duele también porque nunca renegó de su origen. Pudo hacerlo. Pudo disimular el acento, maquillarse el pasado o vender una versión más cómoda de sí mismo. No lo hizo. Fue de Manzanares hasta el final. Fue caldense sin complejos. Y llevó ese orgullo a escenarios donde muchos prefieren olvidar de dónde vienen. En tiempos donde la identidad parece negociable, Yeison la asumió como una responsabilidad.
Su carisma no era pose. Era cercanía real. No hablaba desde arriba ni cantaba para impresionar. Cantaba para contar. Sus canciones no eran sofisticadas, pero sí honestas. Por eso acompañaron tantos momentos cotidianos: el despecho, la celebración, la madrugada larga, el silencio incómodo. Estuvo presente en la vida real de la gente, y eso explica el vínculo que hoy se siente roto.
Tal vez lo que más duele es lo que representaba. Yeison era la prueba de que sí se puede salir adelante sin dejar de ser uno mismo. Que desde un municipio pequeño, desde una familia humilde, se puede llegar lejos sin traicionar la esencia. Cuando una figura así se va, no solo se va un artista: se va un referente. Y la ausencia pesa más.
Hoy no estamos despidiendo únicamente a un cantante de música popular. Estamos despidiendo a alguien que encarnó un anhelo colectivo: el de progresar sin olvidar el origen, el de triunfar sin soberbia, el de avanzar sin renunciar a la identidad.
Por eso su partida duele tanto.
Porque Ya No Mi Amor hoy no es solo una canción.
Es una forma de decir adiós a alguien que, sin conocernos, terminó siendo uno de los nuestros.
Por Mateo Hidalgo Montoya




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